Poesía en español

Botellas en el mar


“Te espero cuando miremos al cielo de noche
tú allá, yo aquí.”

Mario Benedetti

Black Milk

Que quizás no quiera volver a dormir contigo
y aún así te pienso cuando amanezco
En esa dicotomía me pierdo un poco a mí misma
y me olvido de mí
Mientras tu mirada, lejana en tiempo y espacio,
irrumpe en mi habitación entre los rayos de luz
y me lava la cara
[Gira; corazón
gira; corazón]
y me llena el pecho de incertidumbre
y un poco de angustia
porque no sé cómo quererte
Tanto que ya ni siquiera sé
cómo mirarte
Pero me llenas también de arte
Y en esa metamorfosis que me invade
Termino pluma en el viento,
siempre del aire
intentando, siempre, siempre, siempre
volver a respirarte
en algún viejo café
de Berlín o Buenos Aires
Y los labios son todo
leche negra entre papeles
papeles, cartas viejas
las cartas que le mandaba
mi abuela a mi abuelo
cuando era una joven enamorada
Pobre mi abuela…
Y los labios son todo
leche negra entre los dedos
derramada sobre 
terciopelo
Y entre los labios
Mendoza 
y la marca del vino
que probaste por primera vez
aquel día en que volviste a ser un niño
Y los labios son todo
camino
entre tu piel y la mía
entre la realidad y el mundo de Alicia
un secreto entre mis pies y tu boca
los labios son todo delicia
Y los labios son todo
leche negra corriendo
a través de las pupilas
dilatadas de excitación
bajo el pulso 
de una canción de otoño
mientras me acomodo
entre los huecos
para volver a dormir contigo
Que quizás no quiera volver a dormir contigo
Mendoza, la marca del vino
Pero me llenas también de arte
Leche negra
Un secreto entre mis pies y tu boca
Y los labios son todo
Luces y sombras


Canela Velazquez

Me perdí

Empecé a sentir algo y me perdí.
¿Por dónde iba?
Mejor vuelvo a empezar
pero esta vez me quedo conmigo
en vez de perderme
en la mirada de un extraño
Que [la belleza atrae
a malvados, más que a cualquier cosa]
Así que tomo mis canciones
y me las llevo lejos de vos
porque sé que voy a descubrir que
sin mi permiso
se las cantabas a alguien más
Y eso no está bien,
son mis canciones,
vos podés cantarle a quien quieras
las tuyas,
las mías no
Está bien, supongamos
que me pierdo 
con mis canciones,
la mirada de un extraño,
cuando empiezo a sentir algo,
está bien,
pero vos corrés a
los brazos de tu ex
Yo prefiero perderme
por no saber dónde estoy
que volver una y otra vez
sobre el mismo error
creyendo que eso puede
llegar a ser amor
Te juro,
prefiero perderme,
en definitiva
siempre tengo la oportunidad
de volver a encontrarme
en otro rincón del planeta
tomando un café
pensando en mi abuela
y en cómo puedo hacer
para llevarla a conocer
Praga, Roma y Grecia
Eso me rompe el corazón a mí,
no tus pequeñeces 
de hombre niño 
que tiene todo lo que quiere
¿A mí qué me importa?
Hacé y deshacé tranquilo
Yo me pierdo y me encuentro
pero al final, lo que me duele
es otra cosa


Canela Velazquez

Cuando sea grande

Cuando sea grande
quiero ser tus poemas
de amor y libertad
y revolución
Quiero ser mi propia
bandera e independencia
Cuando sea grande
quiero ser un niño otra vez
y meterme desnuda al mar
del espectro de tu voz
Y volver a soñar
con un mundo mejor
Cuando sea grande
quiero seguir siendo
la búsqueda de mi verdadero yo
Y no me quiero olvidar
de cuánto me amé
amándote
Cuando sea grande
quiero ser del aire
Quiero ser un cohete espacial
y volar a Marte
Amarte


Canela Velazquez

Nebulosa

Últimamente me encontré sumergida en incertidumbres que ahora me cuesta un poco describir. Mi triste imaginación se vio viajando a través de la oscuridad de la subexposición de lo que guarda en secreto una cajita musical que le regalé una vez a mi papá que, al girar la manivela, toca “Somewhere over the rainbow”, y un sentir de que decididamente nada tiene sentido en sí mismo, que la humanidad vaga perdida y que ineludiblemente formo parte de aquella maquinaria que me autodestruye gratuitamente sin atisbos de revolución. Me rompen el corazón aquellos cerdos regodeándose en sus vulgares prados de dinero, y nuestros niños pidiendo a gritos libertad, justicia, amor. Me rompe el corazón la noche en la que dejé de ser yo para salir a buscarme.
Yo quería recoger las flores del camino y construir un vergel para ti (y quizás un poco para mí). Para que nunca te falte el aire. Para que siempre respires un poco de amor en éter. Para que nunca nos falte una ventana donde apoyar la mirada para soñar despiertos. Y una cajita musical que, al girar la manivela, vomite conejitos y poemas de amor.
A veces escucho tu canción adentro de las gotas de lluvia. Esa canción que te gusta tanto, esa que habla de tu profundo amor hacia el mundo y tu esperanza genuina en un destino menos post-apocalíptico para esta humanidad que tanto me he esforzado en sentenciar a su putrefacción. En serio, escucho tus ideas de un mundo mejor. No sé si en las gotas de lluvia o en la cajita musical, pero las escucho. Por dios… qué profunda admiración cada vez que me haces sonreír o llorar simplemente de la emoción que me genera tu insólita existencia. Si es que eres real deja ya de vagar entre sombras y aparecerte sólo en sueños. O quizás deba yo sumergirme en las profundidades de tu Atlántico, e ir arronjando arrecifes de coral hasta naufragar en tu orilla al fin. Al fin y al cabo, somos instantes.


Canela Velazquez

Espero

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
Sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
Pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
Y la Luna oculta ese sol tan radiante.
Me siento solo, lo sé,
nunca supe de nada tanto en mi vida,
sólo sé que me encuentro muy solo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto.
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tú,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
Porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no sólo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo sólo así?
¿Por qué no sólo…?


Mario Benedetti

Lluvia

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,
la que amorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarle.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante:
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!


Federico García Lorca

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